Inflación al 4,2%: la energía manda, pero hay una grieta de esperanza
Este es el dato más importante para entender el resto del año.
El miércoles se publicó la inflación de mayo: 4,2% anual, la mayor en tres años y por encima del 4% por primera vez desde abril de 2023. El culpable claro fue la energía, con un salto del 23,5% interanual por la guerra de Irán. La sorpresa positiva: la subyacente (sin energía ni alimentos) se moderó al 2,9%, por debajo de lo esperado.
La inflación tiene dos capas, y distinguirlas lo cambia todo. La "de titular" (4,2%) incluye la energía, disparada por la guerra: es lo que ves en la gasolinera y en la luz. La "de fondo" (2,9%) quita la energía y mide si el resto de la economía está recalentada. Que la de fondo se modere significa que, quitando la guerra, la inflación estaría casi controlada.
La Fed sabe distinguir esas dos capas. Si la inflación fuera generalizada, tendría que subir tipos con dureza. Pero si es sobre todo energía —un shock externo que puede pasar—, puede permitirse esperar. Por eso el dato, malo en el titular, no fue tan malo por dentro. La clave del verano: que la subyacente siga bajando mientras la energía se normaliza.
Este es el dato más importante para entender el resto del año. Mientras la inflación sea "problema de energía" y no "de economía recalentada", hay vía de salida: que el petróleo baje y la Fed respire. Para el inversor, favorece mantener la calma y no sobrerreaccionar a los titulares de inflación alta: mirar la subyacente da una foto más honesta.